Propósito: reconocer tu diálogo interno y la forma en que te tratas.
Tiempo estimado: 10 minutos
Imagina que un amigo comete un error.
Probablemente intentarías comprender qué pasó. Tal vez le recordarías que puede aprender, corregir o volver a intentarlo.
Ahora piensa en lo que sucede cuando eres tú quien comete ese mismo error.
¿Te hablas con la misma comprensión?
A veces somos mucho más duros con nosotros mismos que con las personas que queremos.
Hoy no vamos a intentar pensar siempre en positivo. Vamos a descubrir si nuestra manera de hablarnos nos ayuda a comprender lo que sucede o solamente añade más presión.
Tu práctica de hoy
Cuando algo no salga como esperabas, observa qué te dices. Intenta distinguir entre describir lo sucedido y juzgarte como persona.
Por ejemplo, puedes cambiar “Siempre hago todo mal” por “Esto no salió como esperaba. ¿Qué puedo aprender o hacer diferente?”.
¿Qué te dices cuando algo no sale como esperabas?
¿Qué diferencia notas entre reconocer un error y descalificarte?
¿Qué frase más justa podrías decirte?
Cerebrito te recuerda: “Puedes reconocer algo que necesitas mejorar sin convertirlo en una sentencia sobre quién eres”.